Djokovic, como jugarse la reputación en dos sets, sin competidores y sin posibilidad de ganar

Recientemente hemos asistido al final del culebrón del tenista número 1 del mundo Novak Djokovic, con la resolución del Tribunal Federal Australiano que, tras poco más de 10 días de espectáculo ( no precisamente deportivo), ha decidido deportarlo. Si la conclusión más inmediata es que no podrá jugar en el Open de Australia, los efectos a largo plazo serán mucho más graves para su carrera. No jugar el Open es ahora mismo el menor de sus problemas, toda vez que como dice el diario El Mundo, se ha convertido en una jugador marcado para siempre. La razón es obvia: él solito se ha cargado su reputación, por dos razones a cada cual más poderosa: mentir, y pensar que estaba por encima de la ley.

En un mundo donde todo se mueve tan deprisa y la amenaza del COVID no respeta ni a los vacunados con varias dosis, se necesitan, más que nunca, héroes que nos den esperanza; que nos hagan pensar, aunque sea por unas horas, que vivimos en un mundo amable y nos refuercen en nuestra convicción de que están en el podium porque se lo merecen. Pero para que eso ocurra, para que los héroes lo sigan siendo y los mortales los sigamos admirando, hay que cumplir con las reglas de la transparencia y la honestidad. El tenista se las ha saltado, le han pillado y encima nos quiere convencer de lo contrario.

No hay prueba de reputación que resista que quien debe ser un referente nos tome el pelo y menos aún, que se pretenda situar por encima de los demás. Y eso es lo que se hace cuando alguien intenta saltarse todas las reglas, por muy renombrado que uno sea.

 La estrategia de la mentira es incompatible con la reputación

Seamos claros. En un mundo globalizado, donde todos nos vemos afectado por una pandemia que nos ha obligado a diversos sacrificios y privaciones, no es de recibo que unos se salten las normas mientras otros las cumplen escrupulosamente. Las leyes son iguales para todos, y saltárselas ofende a los demás, además de ser ilegal.

Más aún, lo que es del todo imperdonable, es que mientras unos aceptan las molestias y privaciones, otros se crean más listos que nadie e intenten engañar al resto con diversos trucos.

Si alguien tiene dudas de a qué me refiero, no tiene más que echar un ojo al caso del primer ministro británico Boris Jonhson y su insultante intento de hacernos creer que las fiestas en su residencia oficial eran reuniones de trabajo. Al igual que en el caso del tenista, estamos ante otro caso de una carrera que se verá frustrada por una cuestión de reputación. Que la estrategia de la mentira es incompatible con la reputación es una máxima válida para cualquier persona o empresa. Es además, algo que en el mundo hiperconectado en el que vivimos saldrá a la luz irremediablemente.

 

Las mentiras de Djocovik y el postureo de las redes sociales 

Djocovik mintió en el documento de inmigración que presentó en Australia al decir que no había viajado en los 14 días anteriores, puesto que había estado en Marbella. Lejos de conspiraciones, él mismo mostró las fotos en su cuenta de Instagram.

Mintió de nuevo al manipular esta documentación alegando la exención médica por haber pasado el COVID, para intentar saltarse las reglas del país en cuanto a la vacunación.

Por si todo esto no fuera suficiente, compartió en su perfil de Instagram imágenes sin mascarilla fuera de casa, cuando debería estar en cuarentena. Lo más grave de todo, es que todas estas manipulaciones obedecen a una razón socialmente inaceptable no solo para el gobierno de Australia sino para la mayoría de los ciudadanos: que el tenista serbio no se quiere vacunar. Y, además, no respeta a los demás. Porque puede ser libre de no vacunarse, pero no es de recibo que se pasee cuando puede contagiar al resto.

Se trata, pues,  de una serie de errores que ponen de manifiesto una intención inequívoca de salirse con la suya, por encima de toda consideración.

Más allá de la condena moral, estamos hablando de una cuestión de reputación, no solo éticamente reprobable, sino, además, ilegal. Por no hablar de la falta total de gestión de una crisis de reputación, con un especial descuido a la estrategia de redes sociales y a la dimension on line de la misma.

Si aceptamos que los héroes deben practicar con el ejemplo, lo que tenemos aquí cada vez se parece más a un villano. Y si pensamos en términos de reputación, los villanos no andan sobrados precisamente.

Aparte de esto, ¿Qué marca va a querer asociarse a un mentiroso, negacioncita, que comete actos ilegales? ¿Quién querrá su imagen a esta falta de valores? No se me ocurre ninguna.

La actitud de Djokovic pone en una encrucijada a sus patrocinadores

Djocovik ganó unos 30 millones de dólares en 2021, según la revista Forbes, gracias a sus patrocinadores. Entre ellos se encuentran marcas tan prestigiosas como Lacoste, con un contrato valorado en 9 millones de dólares, Peugeot o la japonesa Acisc. Para todas ellas, el serbio es, o era, un modelo a seguir por sus valores. A saber: esfuerzo, compromiso, liderazgo y responsabilidad. Es decir, unos méritos sociablemente aceptados  y deseables que, sin duda, son la base de la admiración hacia los héroes del deporte.

El problema es que la identificación de los valores de una marca con un personaje público se sustenta en sus acciones y en el perfil que muestran a los demás; en un modo de vida acorde con estos. Y cuando lo que un personaje público hace va en contra de esos ideales, no solo el personaje en cuestión pierde su reputación, sino que arrastra a la de las marcas a las que representa.

Como he dicho anteriormente, la estrategia de la mentira es incompatible con la reputación, tanto personal como corporativa. Por ello entiendo que es harto difícil que una marca de prestigio esté dispuesta a ligar su imagen a una persona que carece de empatía y solidaridad, y que es capaz no solo de mentir  y de obviar una cuarentena, con el peligro de infectar a los demás, sino de intentar pasar por encima de las leyes de un país democrático como Australia.

La polémica, como vemos, no es solo el posible fin de una carrera deportiva, sino el fin de una etapa por quiebra de confianza que Djocovik se está ganando a pulso. Porque, ¿Quién va a querer que se le identifique con alguien que no respeta a  los demás? Salvo que tus productos sólo lo vendas entre los antivacunas o en países donde los índices de vacunación estén por los suelos.

Almeida no se da por enterado 

En medio de esta polémica, y cuando cada vez más puertas se cierran para el tenista mentiroso (la última la de Francia), el alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida, señala que sería un gran reclamo que el serbio participara en el Mutua Madrid Open.

Quedan 3 meses hasta la celebración del evento en Madrid, en abril , pero no sé si el tenista llegará a pisar la capital de España. Entre tanto, estaremos entretenidos con nuestra clase política atizándose a cuenta del serbio.

 

 

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María Luisa Moreo

Directora General en Señor Lobo & Friends. Con 14 años de experiencia en comunicación de crisis y emergencias acumula, además, experiencia internacional como asesora de proyectos a empresas y a instituciones como la Comisión Europea.

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