Cómo recuperar tu reputación frente a la IA tras un litigio

Mantener una empresa  que está siendo investigada por graves delitos abierta y facturando no es una tarea fácil en la era de la inteligencia artificial. La gestión de la reputación corporativa se basa en la credibilidad, y este es un activo que no casa bien con una huella digital manchada. Los procesos judiciales se pueden dilatar años y si antes era suficiente un plan de buenas noticias para evitar la pena de telediario, la realidad a día de hoy es más complicada.

Como expuse recientemente en el stakeholder algorítmico y qué dice la IA de tu empresa cuando termina la crisis, la gran lección de la era generativa es que el primer auditor de nuestra reputación es una red neuronal. Esto es así desde marzo de 2025, cuando Google introdujo la IA en sus búsquedas.

La IA procesa nuestro rastro digital y elabora síntesis en las que nuestros peores momentos, a menudo, se presentan como realidades vigentes. A estas alturas todos nos hemos dado cuenta de que la IA trabaja sin compasión ni contexto temporal. Para ella, nuestra huella digital es un continuo donde, por supuesto, no hay lugar para el olvido natural que los humanos solemos conceder a las organizaciones con el paso del tiempo. No podemos llorar en su hombro y pedirle que sea razonable. Carece de empatía.

La crisis por litigio y la condena digital

Es precisamente bajo este nuevo paradigma donde emerge uno de los escenarios más dolorosos y frustrantes para cualquier directivo o empresa que haya sufrido una crisis por litigio judicial.

La premisa actual es tan real como aterradora. La inocencia legal ya no se traduce automáticamente en inocencia digital. Esas organizaciones o personas que se han pasado años esperando una sentencia abolutoria ya no pueden contar con que tras declarados inocentes su huella digital va a quedar inmaculada de la noche a la mañana.

Esa sentencia judicial que se celebra con brindis y abrazos en la oficina, con la agencia de comunicación que nos ha acompañado o con en el despacho de abogados, y la íntima sensación de que la pesadilla ha concluido, no es el final.

Porque  a la mañana siguiente, preguntas a un asistente de IA por tu empresa, o buscas tu nombre en internet, y el algoritmo te sigue definiendo como un estafador o un criminal. No es justo, pero es lo que hay.

Por qué el SEO tradicional ya no funciona en los tribunales

Para la máquina, el ruido masivo de tu imputación sepultó el final feliz de tu absolución. El antiguo manual de gestión de daños nos diría que hiciéramos una campaña de SEO tradicional para «enterrar» esas noticias en la segunda página de Google, o un buen plan de buenas noticias, que tradicionalmente ha sido la manera más sencilla de arrastrar lo que no nos gusta a la segunda o tercera página de Google.

Hoy esta receta sigue siendo válida porque la empresa o su directivo no son solo el litigio que tienen entre manos y es necesario seguir demostrando su expertise. Ya sabemos que lo que no se comunica no existe. Sin embargo, esta estrategia por sí sola no sirve para limpiar nuestra imagen frente a los motores de búsqueda y la Inteligencia Artificial. Necesitamos una cirugía mucho más precisa que nos permita recuperar reputación de manera estructural.

La regla de oro: esperar a la sentencia firme

Antes de desplegar cualquier estrategia de borrado frente a los gigantes tecnológicos, hay que dejar clara una línea roja absoluta. Solo podemos iniciar el proceso de recuperación reputacional y limpieza digital cuando contamos con una sentencia judicial firme.

No sirve de mucho reputacionalmente haber ganado el caso en primera instancia si la resolución es aún recurrible, o si la parte acusadora ya ha presentado una apelación en un tribunal superior. Es cierto que si la sentencia es demolera y no cabe la presentación de nuevas pruebas ni investigaciones la podemos presentar en una due diligence ante un banco o un stakeholder. Pero si nuestro objetivo es que aparezcamos como inocentes absolutos eso es legalemente imposible.

Otra cuestión es si queremos que los medios publiquen esa absolución. Si eres el protagonista de un caso muy mediático, la respuesta clara es sí. Pongamos el ejemplo del futbolista Neymar. Se ha hablado de él por activa y por pasiva, en prensa, radio, redes sociales y televisiones de todo el mundo. Qué menos que una reparación donde quede claro, sin lugar a dudas, que es completamente inocente de todo de lo que se la ha acusado. Sé que el enlace lleva a una sentencia definitiva, pero la noticia se conoció desde su salida, aún cuando era recurrible, por la notoriedad del personaje.

Un caso bien distinto es si no eres una figura de interés público y notorio. Entonces no lo aconsejo por dos razones. La primera y obvia es porque sin sentencia firme corremos un riesgo, aunque sea poco probable, de que se de la vuelta.  Y la segunda es porque es posible que hayamos pasado desapercibidos con un plan de buenas noticias, o simplemente por no resultar lo suficientemente interesantes y esa aparición nos ponga en la picota. Si no de toda la prensa internacional, sí de amigos, familiares y otros stakeholders. Esto puede suceder, sobre todo, si no hemos sido el principal investigado y hay otros nombres que pesan más que el nuestro o el de nuestra empresa. 

Los peligros de actuar antes de tiempo

Es imperativo esperar a que se hayan agotado todos y cada uno de los plazos legales y que el tribunal acredite que no cabe recurso alguno. Intentar borrar nuestro rastro judicial mientras el caso siga «vivo» en los tribunales no solo es un esfuerzo inútil, sino que provocará el rechazo automático e inmediato de cualquier solicitud de desindexación por parte de los buscadores. Sin sentencia firme, Google retendrá los enlaces temporalmente alegando «interés público» o «proceso en curso».

La paciencia procesal en este punto es innegociable.

No solo habremos empleado mucho tiempo y dinero en empezar este proceso, sino que además nos sentiremos doblemente frustrados al ver como nuestras pretensiones se frustran.

El plan de acción legal para limpiar tu rastro

Una vez que tenemos el certificado de firmeza en la mano, el plan para obligar a la máquina a rectificar se divide en dos fases críticas.

La primera de ellas es la auditoría de la huella penal digital. No podemos borrar lo que ignoramos. Por ello, es necesario rastrear y mapear cada noticia, entrada de blog, foro o tuit que vinculó a la empresa o al directivo con el delito del que se nos acusó durante todos los años que duró la instrucción del caso.

La segunda fase consiste en la ejecución legal de la desindexación, el olvido y el honor. Aquí la estrategia debe separar obligatoriamente a los individuos de las organizaciones, ya que el marco jurídico aplicable es completamente distinto.

Persona física: el derecho al olvido (RGPD)

Para directivos, empleados o particulares, se debe invocar el denominado derecho al olvido. Este mecanismo está firmemente amparado por el Artículo 17 del Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) a nivel europeo y el Artículo 93 de la Ley Orgánica 3/2018 (LOPDGDD) en España.

Estando absuelto con sentencia firme, tienes el derecho legal de exigir a los buscadores que retiren de sus índices aquellas noticias desactualizadas y lesivas que atentan directamente contra tu privacidad y tu futuro profesional. Este derecho solo lo puede ejercer el interesado o su representante legal. Y no es autómatico. Si no haces nada, seguirás apareciendo como investigado, con toda la retahíla de acusaciones.

Las peronas jurídicas carecen de derecho al olvido.

Persona jurídica: derecho al honor corporativo

La ley de protección de datos no reconoce el derecho al olvido para las marcas o empresas. No obstante, las compañías sí poseen un derecho al honor, protegido por la Ley Orgánica 1/1982 y ampliamente respaldado por la jurisprudencia del Tribunal Supremo.

En este escenario corporativo, se requiere a los medios de comunicación y a los buscadores la desindexación de los contenidos. El argumento central es contundente: mantener viva una acusación penal tras una absolución definitiva vulnera el honor corporativo y constituye un acto de competencia desleal.

Herramientas directas: Formularios de Google y Bing

Para materializar este borrado de forma práctica, tras redactar los requerimientos legales oportunos y adjuntar de forma fehaciente la sentencia firme, se debe acudir a las herramientas oficiales que los buscadores tienen habilitadas para los ciudadanos europeos:

Estrategia GEO, o cómo reentrenar a la Inteligencia Artificial

Lograr que Google o Bing dejen de mostrar los enlaces directos de la imputación es un gran triunfo. Pero la IA Generativa (como ChatGPT o Gemini) no olvida simplemente bloqueando un link. Los modelos de lenguaje necesitan «aprender» de forma activa la nueva realidad para corregir sus respuestas automatizadas.

Para que el stakeholder algorítmico entienda tu inocencia y te ayude a recuperar reputación judicial, la narrativa de la absolución firme debe ser pública, estructurada y masiva.

Alimentar el algoritmo con datos estructurados

Para conseguir este objetivo hay que generar un nuevo ecosistema de datos diseñado específicamente para que los bots de rastreo lo lean, lo asimilen y lo ponderen correctamente. Esto incluye la publicación de comunicados de prensa optimizados, entrevistas corporativas y una sección transparente en la web institucional detallando el cierre favorable del caso, si es lo que queremos. Como he dicho más arriba, puede ser más interesante un borrado digital sin publicidad para evitar una doble victimización.

Los que llevamos años en esta trinchera sabemos que la recta final empieza cuando el juez dicta la sentencia. Las crisis judiciales ya no se entierran; se reentrenan. Nuestro objetivo final es inyectar en la red los datos precisos para que la Inteligencia Artificial se vea forzada, por pura lógica matemática, a reflejar tu inocencia legal. Esto, no obstante, no quita para restar valor a todo el trabajo que hemos hecho para poder seguir vivos en el mercado todos los años que ha durado el litigio, como expuse arriba.

Si este es tu objetivo y quieres que tu inocencia se proclame a los cuatro vientos, sigue todos estos pasos. Si te basta con la desindexación para que tu nombre no aparezca vinculado al litigio y no quieres generar más ruido, haz un rebranding. Sobran ejemplos de empresas que, tras crisis importantes, aunque no fueran litigios, han optado por esta estrategia o alguna variante de la misma. Ahí tenemos a la antigua Germanwings operando con total normalidad bajo el nombre de Eurowings, o a Jonhson & Jonhson, entre otros.

¿Tienes una crisis de reputación o quieres prevenirla? ¿Estás en medio de un litigio? En Señor Lobo & Friends te escuchamos.

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María Luisa Moreo

Directora General en Señor Lobo & Friends. Con 14 años de experiencia en comunicación de crisis y emergencias acumula, además, experiencia internacional como asesora de proyectos a empresas y a instituciones como la Comisión Europea.

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