Ucrania, un mundo al borde del abismo

Ucrania, un mundo al borde del abismo

El mundo ha entrado en una nueva era. No lo digo yo, lo dice el canciller alemán, Olaf Scholz.

El rinoceronte gris al que apuntaba como uno de las grandes tendencias de riesgo para este año en este post, ya se ha materializado ante la vista de una Europa incrédula que asiste a la guerra como quien consume una nueva serie de máxima audiencia en Netflix. Tal es el nivel de desconexión de la realidad de una sociedad infoxicada y desinformada que a duras penas se recompone tras más de 2 años de pandemia. El mundo está al borde del abismo. De hecho ayer Putín puso «en modo especial de combate» su arsenal nuclear ante las «declaraciones agresivas» de los funcionarios de la OTAN.

 

Los ucranianos plantan cara el oso ruso

Mientras escribo este artículo (27 de febrero) las tropas ucranianas y las milicias combaten como leones en las calle de Kiev plantando cara al ejército ruso. Al tiempo un nuevo drama empuja a miles de ucranianos hacia las fronteras de la UE huyendo del horror. Entre tanto, la Unión Europea arrastra los pies debatiendo sobre duras sanciones económicas que tienen como intención lavar la cara de la clase política y que, sin duda, Rusia ya daba por descontadas. De hecho, su economía lleva años preparándose para este escenario y, mientras tenga el apoyo de China, persistirá en la consecución de sus objetivos estratégicos.

Entretenidos en las sanciones, Europa aún no ha sido capaz de plantear un plan de contingencia para acoger a los, quizás, millones de refugiados que pueden llegar. Al tiempo, los ciudadanos europeos continúan sus vidas como si esto no fuera con ellos. La realidad es bien distinta. La crisis energética y de suministros de materias primas como trigo, grano. maíz, aluminio, fertilizantes y paladio entre otros, nos llevará sin remedio a una recesión como nunca hemos vivido en Europa ¡Ah! Y los chips. Bueno, en realidad, el gas neón esencial para su fabricación. Ucrania es uno de sus grandes productores mundiales, y esta es una de las razones que nos pone al borde del abismo, no solo la guerra en sí, sino las consecuencias económicas derivadas del conflicto.

Pero más allá de las gravísimas consecuencias económicas que se van a producir existen otras amenazas de imprevisibles consecuencias en el horizonte. Por destacar algunas:

 

Factores agravantes

Las sanciones económicas que se están imponiendo van a ser recibidas por Putin como una declaración formal de guerra por parte de los países que las imponen. En un contexto de guerra híbrida que combina la guerra cinética con otros tipos de combate, no podemos descartar que Rusia emplee la ciberguerra contra los países de la OTAN, lo que puede tener graves consecuencias sistémicas y poner en jaque nuestras infraestructuras críticas. Esperemos que el Consejo de Seguridad Nacional y el Centro Nacional de Protección de Infraestructuras Críticas (CNPIC) estén trabajando ya este escenario.

La guerra en Rusia ha tenido como consecuencia que, en países como Finlandia y Suecia, ahora sí se planteen pedir su ingreso en la OTAN. Rusia ha amenazado a ambas naciones con consecuencias políticas y militares en caso de que ingresen en la Alianza Atlántica. Ya no es sólo que nadie puede descartar que Rusia, de tener un éxito incontestable en Ucrania, avance hacia los países bálticos. Es que amenaza de forma clara a dos países que integran las Unión Europea.

Y luego está China, sin cuyo apoyo estratégico Rusia no habría comenzado esta aventura. Ya sabemos que si se cortase el suministro de gas a Europa, los rusos tratarán de vender su gas al gigante asiático. Pero además, en un escenario en el que Estados Unidos está entretenido con la guerra en Europa, China podría plantearse algún tipo de intervención armada en Taiwán, lo que incrementaría aún más el riesgo de una confrontación global de consecuencias gravísimas e imprevisibles. No olvidemos que, a diferencia de 1939, los principales actores de esta contienda tienen armas nucleares y han amenazado con usarlas.

 

Cómo nos preparamos

Ya sabéis que soy un firme defensor de la anticipación de riesgos y la preparación como la forma más eficaz de mitigarlos y estar, finalmente, preparados  para afrontar las crisis en la mejor posición posible. Anticipación que permita que las consecuencias de la crisis sean menores y su control más rápido. Desde el punto de vista del negocio, estoy firmemente convencido de que las principales empresas del país deberían reunir de forma inmediata a sus comités de dirección para elaborar un plan de contingencia frente a la consecuencia de la guerra y los escenarios de riesgo que nos amenazan.

Mirar para otro lado como si esto no fuera con nosotros o pensar que en unas semanas todo acabará en Ucrania es, en mi opinión, una actitud incorrecta ante el grave impacto y la elevada probabilidad de un aumento de la amenaza. Debemos actualizar nuestro catálogo de riesgos y prepararnos para lo peor. Ojalá llegue lo mejor. Recordemos que tampoco nadie esperaba la pandemia y aquí está.

No podemos seguir improvisando y mirando hacia otro lado porque ya estamos al borde del abismo. Hay que actuar rápido y hacerlo desde los valores, poniendo en el centro  de la cadena de valor a las personas y en especial a los empleados.

 

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Luis Serrano

Luis Serrano

Director General en Señor Lobo & Friends. Con más de 23 años en la comunicación de crisis y emergencias es uno de los mayores expertos del país. Fue director de crisis en LLYC y jefe de prensa del 112 de Madrid durante el 11M.

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