Crisis post pandemia. El Fuego de subsuelo de la era COVID

Crisis post pandemia y efecto dominó. El Fuego de subsuelo de la era COVID

Comienza el curso escolar y todos nos afanamos en retomar el ritmo en un septiembre que pretendemos sea similar a los inicios de otoño prepandémicos. Sin embargo, flotan en el aparente ambiente de la recuperación nubarrones de incertidumbre que aplacan la que, podía ser, una ansiada euforia generalizada. En nada ha contribuido a un feliz retorno un verano marcado por el alza constante del precio de la luz, la 5ª ola del COVID-19, la catástrofe medio ambiental en forma de inundaciones o grandes incendios y, por supuesto, la caótica salida de Afganistán que ahora culminamos con el vigésimo aniversario del 11-S. Es como para volver animados. 

Pero hemos señalado lo evidente: los resultados catastróficos que copan los telediarios. Bajo la superficie, cual fuego de subsuelo, una conjunción de elementos subyacentes avanza incontrolada sin que los gobiernos del mundo sepan cómo ponerles coto y ante la ignorancia generalizada de la opinión pública mundial. La crisis post pandemia y el efecto dominó son un lastre con el que no contábamos.

Un sistema carente de equilibrio

La COVID-19 no ha hecho otra cosa que recordarnos la vulnerabilidad de Sapiens sobre la tierra. Convencidos de que nuestra capacidad tecnológica nos daba el dominio sobre los ecosistemas, esa misma soberbia es la que nos ha enfrentado a un baño de realidad. La destrucción de los ecosistemas, en un único sistema interconectado, ha generado un desequilibrio del cual el COVID-19 es sólo un ejemplo más de consecuencias catastróficas. No lo digo yo. Sólo hay que ver el último informe del grupo intergubernamental de expertos sobre cambio climático de Naciones Unidas (IPCC) para entender que la crisis postpandemia y el efecto dominó al que nos enfrentamos son parte de lo mismo. Por si fuera poco, las catástrofes extremas se atropellan día a día en las crónicas periodísticas: enormes incendios forestales de sexta generación en Turquía, Grecia, Italia, California y, ahora, España; graves inundaciones en Alemania; huracanes o ciclones cada vez más extremos en Estados Unidos o Filipinas; graves olas de calor en Canadá, Estados Unidos o Siberia. Y Filomena. Un panorama desolador, que la crisis post pandemia y el efecto dominó complican hasta extremos inimaginables.

Un sistema en permanente reajuste

La consecuencia de todo ello es un sistema económico y social que está en permanente reajuste. La geopolítica internacional condiciona un sistema cada vez más hiperconectado y, por lo tanto, hipervulnerable. Un sistema en el que la maximización de beneficios y la reducción de costes ha debilitado la resiliencia de las naciones y de una UE con signos evidentes de decadencia y descomposición. Una Europa que, de golpe, ha despertado y de golpe es consciente de que está sola. EE.UU la abandonó en la era Trump y Joe Biden la ha dejado tirada en el aeropuerto de Kabul al huir a la desesperada.

El efecto dominó en las relaciones socio-económicas

El desequilibrio medio ambiental que ha generado Sapiens ha causado un efecto dominó sobre las relaciones socio-económicas. La teoría del caos se impone y lo que todo el mundo esperaba iba a ser la vuelta a los locos años 20 del siglo XX no tendrá un efecto mimético una centuria más tarde. Y todo porque el mercado, ahora globalizado, es completamente diferente 100 años después.

Con la pandemia, las familias han incrementado de forma notable su capacidad de ahorro por mor del confinamiento y ahora se muestran ávidas de gastar buena parte de ese dinero. Es como si la sangre volviera de forma atropellada a fluir por el torrente sanguíneo, tras aflojar un torniquete. Una avenida que amenaza con arrastrar todo a su paso. De hecho, nos encontramos en una situación insólita. Una crisis de demanda cuyo primera señal ha sido la crisis de componentes electrónicos (micro chips) que ya está paralizando fábricas de automóviles por todo el mundo. O la falta de materiales de construcción o de todo tipo de materiales para el sector industrial que empuja al alza su precio. De hecho, son ya muchas las compañías a las que sus proveedores no les están cogiendo pedidos o que se encuentran con la imposibilidad de tener garantías sobre las fechas de entrega. El sistema de comercio mundial puede reventar por la repentina bulimia consumista. Pensemos en los fletes marítimos que han incrementado por 8 el precio en un año. De hecho el aumento de tamaño de los contenedores no ha resuelto nada. En los puertos no hay capacidad para descargar más mercancía. El efecto es buques esperando para descargar y aumento de los precios. Hablamos, una vez más, de la crisis post pandemia y el efecto dominó.

¿Sobrealimentados por Next Generation?

La crisis pandémica que ha asolado el sur de Europa ha conllevado una respuesta casi inédita de la Unión, sobre todo si se compara con el abandono que sufrieron en la crisis de 2.008 países como Grecia, España o Portugal. En esta ocasión, el dinero comenzará a fluir hacia el sur de Europa bajo condiciones y plazos estrictos. Corremos el riesgo de que una parte de ese dinero no se pueda invertir por la incapacidad material de ejecutar los proyectos. Es muy significativo el problema del sector de la construcción en España donde faltan 70.000 trabajadores cualificados. Unamos a esto el encarecimiento del precio de la materia prima debido al significativo aumento de la demanda de materiales a nivel mundial.

Navidades caóticas

Ante este panorama, la proximidad del Black Friday y de las navidades va a generar un gran cuello de botella en los mercados internacionales con millones de ciudadanos deseosos de consumir y miles de empresas incapaces de cubrir la oferta. Los precios, por lo tanto, aumentarán y la inflación tirará para arriba, azuzada además, por el alza de los costes energéticos. Y el problema no será sólo el colapso del retail. El problema es que, en un sistema tan hiperconectado, la crisis post pandemia y el efecto dominó garantizan el colapso en las cadenas de suministros. Esto conlleva efectos colaterales. Lo vimos en la pandemia. Si carecemos de un sistema sanitario fuerte y dimensionado para atender una epidemia, tampoco seremos capaces de atender el día a día de la gestión del resto de la salud pública. Consideremos, por tanto, el riesgo de que un posible colapso en el sistema de abastecimiento global afecte a los canales primarios de distribución de alimentos. La pregunta es si nos estamos preparando para un escenario de este tipo.

Cómo deben prepararse las empresas

Lo vimos con el confinamiento. Si por algo se han definido nuestras empresas (las grandes, las medianas y las pequeñas) es por la capacidad de resiliencia y solidaridad. Las compañías españolas, casi sin excepción, han sido un ejemplo al poner en el centro a la sociedad y no la cuenta de resultados. Hay que poner el foco en los ciudadanos, sus clientes y los empleados. Algunas incluso aprovecharon para refundar un propósito corporativo alineándolo con objetivos ESG, conscientes de que, ante el sombrío panorama que ha propiciado Sapiens, es cosa de todos comenzar a actuar ya. Su cadena de valor se lo exige, sus accionistas también. El Problema es que como señala mi colega, María Luisa Moreo, la pandemia se ha llevado por delante las buenas intenciones de muchos. Los CFOs le han ganado la partida a los Dircoms evitando dejando en agua de borrajas las buenas intenciones. Así las cosas, el mercado no va a aguantar si, entre todos, no refundamos en valores. De hecho, grandes compañías están revisando sus cadenas de suministros lo que puede hacerles incurrir en nuevos costes y en caer en la tentación de diversificar proveedores en mercados donde, por ejemplo, no se garantizan los derechos laborales. Es ahora. No hay tiempo. Todos somos corresponsables del daño y todos lo somos de la solución. O nos hundimos juntos o salimos de esta unidos. Desde Señor Lobo & Friends estamos convencidos que es imposible que las organizaciones cuiden de forma adecuada su reputación sin un propósito corporativo fundado en solidos valores comprometidos con un mundo que ha de adaptarse a vivir en la cuerda floja. Escenarios complejos y cambiantes con los que, para bien o para mal, lidiamos a diario los especialistas en prevención y gestión de crisis.

Director General en Señor Lobo & Friends. Con más de 23 años en la comunicación de crisis y emergencias es uno de los mayores expertos del país. Fue director de crisis en LLYC y jefe de prensa del 112 de Madrid durante el 11M.

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